
A seis años del primer caso de COVID-19 en Tarija, la gestión del entonces gobernador Adrián Oliva es recordada por una respuesta rápida y articulada que buscó proteger a la población en medio de la incertidumbre sanitaria. Desde el inicio de la pandemia, el Gobierno Departamental asumió medidas orientadas a la contención del virus, destacándose como el primero en Bolivia en implementar el testeo masivo, con más de 6.200 pruebas rápidas aplicadas a sectores clave, priorizando la detección temprana y el aislamiento oportuno.

En paralelo, se fortaleció el sistema de salud con la dotación de equipamiento e infraestructura hospitalaria. La entrega de camas a centros de segundo nivel, como el hospital del barrio San Antonio, reflejó un trabajo coordinado entre autoridades departamentales y municipales, en un esfuerzo conjunto que permitió ampliar la capacidad de atención en el momento más crítico de la pandemia. Esta articulación institucional fue clave para evitar el colapso sanitario y garantizar atención a los pacientes.

Otro de los pilares de la estrategia fue la gestión de vacunas, donde Tarija impulsó la compra de dosis a través de un trabajo coordinado con gobiernos municipales de La Paz, El Alto y Santa Cruz. Esta iniciativa contemplaba la adquisición de cerca de un millón de vacunas, de las cuales alrededor de 100.000 estaban destinadas al departamento, bajo un criterio de equidad para beneficiar a sus once municipios, incluyendo la región del Chaco. Hoy, a seis años de aquella emergencia, Tarija recuerda una respuesta oportuna que priorizó la vida y sentó precedentes en la gestión sanitaria regional
